jueves, 1 de octubre de 2009

El hombre taciturno



Un hombre taciturno de pensamientos libres decide subir la antena más alta de su barrio. Guiado por su instinto y el valor de su mirada sosiega escala más y más alto. El coraje es su inspiración y su pensamiento el camino, pues la antena es sólo el medio.

Algunas personas pasan y miran al hombre sin temor alguno, tirándolo de a loco continúan su destino. El hombre escala cada minuto más alto. Pocas personas se reúnen en la antena, se percatan de que hay un hombre sin miedo subiendo tan lejos. Las miradas inquietas de personas curiosas comienzan a idolatrar al hombre taciturno; nunca antes habían visto semejante hazaña.
La multitud se incrementa en cada metro que el hombre sube la antena. Los impertinentes comienzan a cuestionar los actos del taciturno, unos afirman que sus acciones son reproches hacia la violencia que azota el mundo, otros que es sólo publicidad de alguna compañía barata y otros pocos que alcanza un sueño. Más son especulaciones y nadie está tan seguro.

La altura de la antena es interminable, y el hombre apenas ha alcanzado una cuarta parte. Dicen los ancianos que la antena construida en tiempos pasados era un intento fallido de alcanzar el cielo y la gloria del imperio. Leyendas sólo leyendas. Retomando al hombre de mirada sosiega a lo lejos se mira que comienza a cansarse, no por efectos del físico o la pesadez del cuerpo, sino por la fuerza que le impide llegar al cielo.

Los curiosos impertinentes alabarlo han comenzado, más alto, más alto, gritan los humanos. Pero el hombre desfallece a mitad de la antena. Su rostro pinta dolor y su cuerpo doblega ante algo que está y se aleja. La gente afligida decide marcharse, no tiene caso alguno mirar otro desastre.

El hombre cae a una velocidad variable, violando las leyes establecidas de la física clásica. Su cuerpo cae en estremecimiento dejando un hueco en el suelo. Los soñadores rodean su cuerpo y rezan en nombre del dios muerto plegarias ya olvidadas. Dicen las personas que lo acompañaron hasta el fin que las últimas palabras del hombre taciturno fueron “Clavepísculas en la tierra como en el cielo”. Aún se venera ese tiempo.

4 comentarios:

ghaby x | 1 de octubre de 2009 a las 19:31

loooooooooooooool

joven remy usted tiene tantarazon ...

no me pregunte de que por que no se explicarlo :D

joven remy usted tiene mucha imaginacion e ingenio

aprovechelo ok?

^^

Sp | 1 de octubre de 2009 a las 19:37

saludos!!! interesante.. tanto puedo deducir de esta lectura pero tendría dudas si es en vdd lo q quieres trasmitir..

bye

sp

AXEM | 1 de octubre de 2009 a las 19:44

genial Remy, sigule así, ya tienes rito y métrica, tiene sabor eso que escribes, ahora solo falta trama :/ pero en general bien.

Javier Alejo | 4 de octubre de 2009 a las 19:51

Que puedo decir...Es bueno.. y seguire esperando el significado de "Clavepísculas"

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